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Ilustración infantil. Jugando en la playa.

Estoy rescatando algunos trabajos antiguos en todo el maremagnum que tenía de imágenes desordenadas y esta es una de las que más satisfecho estoy.

Se me ocurrió en la sala de espera del aeropuerto de Barajas. Para matar el tiempo siempre llevo un bloc para garabatear y este dibujo salió casi del tirón.

Recordé mi niñez en la playa junto a mis hermanos. Nos encantaba hurgar entre las rocas y meter las manos en los agujeros que quedaban expuestos a la bajamar. Más de una vez nos gastábamos bromas con que algún monstruo podía habernos atrapado los dedos.

Por suerte no fue así, aunque nos llevamos alguna mordedura de algún cangrejo y más de una picadura de anémona. Incluso una vez un pez escorpión me dejó la mano hinchada una buena temporada.

Pero eso es otra historia que seguro que me da para otra ilustración.


Caricaturas.

Las caricaturas son uno de mis vicios "ocultos" (de los otros no hablaré, porque se sobreentiende que este es un blog serio). Ya desde peque me dio por satirizar, zaherir, mofar y descojonarme de todo quisque. Y dibujando, dibujando, fui cogiendo cierta habilidad. Habilidad que algunos loaban y alguno de mis profesores ponderaba situándome en algún lugar destacado del habitáculo para, tras un sonoro sopapo, servir de mofa y befa del respetable alumnado.

Con los años fui perdiendo la gana de cachondearme de mis seres cercanos y pasé a hacerlo de los políticos (estos últimos no sé si son "seres" o no, otros tendrán que debatirlo, pero, desde luego, cercanos NO SON). Así que mi habilidad se fue acentuando y mis compañeros de trabajo empezaron a pensar que aquello que hacía podría servir de presente y recuerdo, así que se fueron sucediendo los pedidos.

Y en estas estamos.

En estos tiempos convulsos, de crisis, EREs y demás, aquellos compañeros que se prejubilan (o los pre-jubilan) se llevan un recuerdo del cariño de muchos y la jauja de todos.

Va por ellos.




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